Vanitas
María Cristina Bacchetta

Una obra un artista, Buenos Aires, Argentina, marzo 2014

Restos que son huella de muerte. Huella de lo que no está y que hace signo a su pesar. Imagen que al romper con todas las significaciones, crea algo nuevo, distinto, apertura a un “nonsense” que inesperadamente deviene una significación otra.

La obra de arte logra sublimar ese sentido pulsional incontrolable que es la muerte, logra detener ese impulso de satisfacción absoluta, del que huimos y al que inevitablemente vamos, transformándolo en una sensación placentera, en un goce sublimado.

¿Por qué nos aterra la muerte y todo aquello que la evoque?  Es la experiencia que, junto con el nacimiento, más nos involucra y al mismo tiempo, más desconocemos.

Confundimos muerte con pérdida y pérdida con muerte, y lo que se rechaza es el duelo, su trabajo, su recorrido, su dolor. La obra de arte nos ahorra ese dolor, nos permite enfrentar el acontecimiento de la muerte probablemente con llanto, emoción o inquietud, con placer o agrado o sernos indiferente, pero sin el sentimiento angustioso desbordante que esa realidad normalmente nos despertaría.

Vanitas, nos transmite una doble sensación, hay algo di-vertido, algo vierte en múltiples sentidos y permite el juego. Inquietud?, ferocidad?, pero también lo contrario. Lo extraño en lo familiar, tal vez en eso radique lo más siniestro, ríen y lloran, pelean y se aman, se abrazan en su infortunio, pero también juegan y bailan una danza eterna.

Eduardo Gil produce ese cúmulo de sentimientos encontrados. El recorte de su mirada ha transformado esa nada angustiante que también nosotros somos, en otra cosa, en un enigma, una pregunta, un más allá que sólo el placer de una estética puede producir .