Eduardo Gil golpea dos veces
Gabriela Liffschitz

Radar - Diario Página 12, Buenos Airees 27 de ocubre 2002

Chasqui - Revista de literatura latinoamericana. Arizona State University, Tempe, EEUU, mayo 2003

Hoy más que nunca Argentina es una reflexión que incluye los más variados procedimientos –intelectuales, estéticos, concretos-, tanto apasionados como profundamente desapasionados. Argentina es hoy aquello sobre lo que se debate –terreno y concepto- como una gran arena donde ella misma –esa palabra, esa fisonomía, su contenido- se desgarra las vestiduras sin saber bien qué es exactamente lo que se desgarra. Pero sin dudas hay algo que tironea, algo entre el espanto y el asombro, que más que nada –aun continuamente, aun con insistencia- insiste en dejarnos cotidianamente perplejos.
El primer hallazgo -y nos encontraremos con muchos en el transcurso de este encuentro- del primer libro del fotógrafo de culto, Eduardo Gil -maestro de importantes fotógrafos argentinos-, es esa Argentina en minúsculas y entre paréntesis que hace de título y de declaración de desacato. 

En (argentina) Eduardo Gil ha entendido algo en relación al terreno sobre el que se lucha, y algo sobre aquello por lo que se lucha y parece haber descubierto que, al fin y al cabo, no se trataba de épicas batallas, ni de grandes despliegues, sino de algo a un tiempo más sutil y más burdo: una serie de fantasmas ante los cuales otra serie de manos, símbolos, banderas y miradas aletean a veces ocultando a veces combatiendo.
Eduardo Gil, pone el ojo en el detalle que hace efectiva la mirada, ejerciendo una marca, casi una herida. Ahí, donde en un principio todo parecía cuadrar, donde la escena se constituye inocua, donde pareciera no haber resquicio ni para declaraciones ni para sospechas, ahí donde el debate parece ya perdido por lo estático de la estructura, por la certeza que esa escena produce sobre las certezas de quienes la conforman, es ahí donde la cámara de Gil encuadra, y ese encuadre, como una reacción en cadena, produce el debate y entonces la ruptura. Quiebra la escena para siempre. Es ahí, en esa grieta social que sus fotografías descubren al mismo tiempo que provocan, que su procedimiento estético observa, recorta, destaca, consigue y constituye una mira: ahí dispara.
Eduardo Gil, creador de los Talleres de Estética Fotográfica, profesor de fotografía de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, fundador del Núcleo de Autores Fotográficos, curador del Foto Espacio del Centro Cultural Recoleta durante cuatro años, creador y director de la Fotogalería del Museo de Artes Plásticas de Chivilcoy, colaborador de los más importantes medios internacionales, jurado de los más importantes certámenes nacionales e internacionales, para citar sólo unas pocas de las actividades que forman parte de su trabajo, expuso su obra personal en más de 180 muestras -tanto individuales como colectivas-, en la Argentina y el mundo, formando parte, con su producción fotográfica, de acervos permanentes de museos e instituciones internacionales y valiosas colecciones particulares.

La (argentina) de Eduardo Gil se concentra en Buenos Aires, porque, hay que decirlo, Gil no hace fotos turísticas, esas fotos que –buenas o malas- hacen un muestreo que desde el resguardo del objetivo despliegan lo ajeno del paisaje, o realizan, en la exposición, un catálogo fenoménico. Eduardo Gil, en cambio, se expone a sí mismo en la mirada y el recorte que sus fotos cristalizan. No es la exposición de ‘lo otro’ lo que desvela el objetivo de Gil, sino el planteo de la pregunta sobre la ‘otredad’ que al mismo tiempo refleja, concentra, representa y estigmatiza. 

En esa exposición de la mirada -la suya, la del país- que hace Eduardo Gil, toca literalmente una realidad que pide identificarse casi a gritos. Estas fotos que abarcan 15 años -de 1985 al 2000- de un seguro ejercicio de la mirada, logran descubrir los ritos y secretos de una historia política y social sujetos por la destreza de un procedimiento estético impecable y elocuente. 

(argentina) es un viaje que atraviesa la consistencia e inconsistencia -que las busca- de las preguntas sobre este país, y las creencias y certezas que lo constituyen. 
Las fotos de este primer libro de Eduardo Gil, son paradigmas anónimos que con su propio misterio -el autor no nos dice nada acerca de su concepción y su contexto- nos deja frente a nuestras propias representaciones fantasmáticas, creando un doble juego: ocultando, expone.

La Argentina de este fascinante fotógrafo, es un concepto escondido entre paréntesis o meridianos, desde los que Gil, con humildad y auténtica necesidad de saber y descubrir, inaugura una mirada que, sin ropajes ni desgarraduras, sin golpes bajos ni discursos equívocos, desarrolla un inteligente relato nacional, una verdadera narración fotográfica, donde escenarios torcidos, delirios militares, adhesiones, manos levantadas, herencias, el dolor enmarcado por una bikini, sorderas y cegueras por proximidad o contacto, el amparo de banderas equívocas, más adhesiones, la farsa, la fe y más banderas, edifican y escenifican un nuevo territorio siempre presente y sin embargo nunca visto así, hasta ahora que constituye (argentina).